Sábado 24 de marzo de 2018. Es una fecha histórica para nuestro Colegio. Hoy sale a la calle, por primera vez, nuestro Cristo, Jesús salvador de los hombres en su coronación de espinas.

El día no ha amanecido como hubiéramos deseado. Hace mucho viento y no sabemos qué puede pasar esta tarde. Pero la esperanza no se pierde y llega la hora, el momento de la salida. Sentimos una gran pena, Nuestra Señora de la Visitación tiene que quedarse en casa. Es peligroso y arriesgado por las ráfagas de viento que no cesan. Como cualquier madre, ve cómo sale su hijo y se queda esperando su vuelta. Seguro que Ella nos ayudará y todo saldrá bien.

Suena el Himno nacional y empezamos el camino. Rodeada de palmeras, la figura avanza con cuidado, despacio, descubriendo los rincones de su casa que antes no había podido ver.

Y ya estamos en la calle, nos espera un gran grupo de gente que ha venido a ver a nuestro Cristo. Palabras de admiración y devoción. Y avanzamos, y la gente acompaña el camino que nos llevará a la casa de nuestra Patrona. Allí viviremos un nuevo encuentro de madre e hijo, un hijo lleno de dolor, no sólo por el daño físico, sino por el menosprecio que ha sentido de quienes lo veían cada día haciendo el bien y que más tarde han pedido su muerte.

Y ya salimos de nuevo hacia casa. Se hace corto. Cae la noche y la lluvia aparece a las puertas del colegio. Parece que el cielo siente dolor y rompe a llorar.

Y allí está la Madre, esperando ese regreso, contenta por tenerlo de nuevo a su lado.

Ha sido una experiencia profunda, cada vez que volvía la cara y miraba al Cristo sentía una inmensa alegría al comprender que todo el sufrimiento de aquellas horas de angustia, no habían sido en vano.

Jesús, nuestro amigo, dio su vida por nosotros, dio su vida por mí. Gracias, porque me lo haces sentir y lo puedo compartir.

Marisol Ortega.

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